En el ámbito de los negocios, la
administración del trabajo y el desarrollo de las personas, a quien le puede
caber duda la importancia de la comunicación efectiva, la capacidad de
negociación, el liderazgo, la administración del tiempo, el trabajo en equipo,
entre otros. Lo desafortunado, es que todas las anteriores, se agrupan en lo
que denomina “Habilidades Blandas”, lo que resulta muchas veces peyorativo o
despectivo.
Sin lugar a duda, en un mundo
condicionado por los cambios tecnológicos cada día más vertiginosos y
radicales, se requiere adquirir esas habilidades en todos los estratos de las
organizaciones y a la vez que permitan lograr conexiones efectivas con su
entorno, facilitando las dinámicas comunicacionales, de negocio y de desarrollo
humano.
Lamentablemente, los sistemas de
organización de la capacitación en nuestro país, por años, han degradado aún
las Habilidades Blandas, privilegiando aquellas que derivan del conocimiento
técnico, tareas concretas, aplicación de recetas para concretar un trabajo u
otras (Habilidades Duras). En una situación ideal, ambas deberían coexistir y
valoradas de la misma forma, este equilibrio es necesario para enfrentar una
sociedad dinámica y desafiante.
Dado todo lo anteriormente
expuesto, se hace necesario a sepultar el adjetivo “Blando” y transitar
rápidamente a posicionar el concepto de “Habilidades para la Adaptación a los
Cambios”, estando siempre presentes y a la par en la educación y adiestramiento
en “Habilidades Duras”, facilitar la tan
necesaria flexibilidad de los puestos de trabajo en una empresa moderna,
atenuar los efectos de la automatización y la irrupción de la Inteligencia
Artificial y por último permitir la
administración del trabajo y el ocio ya que las dinámicas sociales futuras
deberían apuntar a una sociedad de bienestar en la cual el trabajo es solo una
parte de la ecuación.
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